La irresponsabilidad disfrazada de condescendencia a mi hijo.

hace 4 años | por Editorial Corazón de Mamás
Categoría: Educación
Tags: Autoengaño, Irresponsabilidad, Equivocaciones, Malos hábitos

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Una persona condescendiente es aquella que efectúa una acción de ponerse al nivel del otro, tratando de empatizar con sus conflictos y sentir de manera honesta y real la pena o el sufrimiento que el otro siente para poder acompañarlo en tal situación. Sin embargo a veces caemos en el error de disfrazar esta buena intención con la irresponsabilidad.

¿Cuándo sucede? Un ejemplo típico; el niño hace tiempo que no quiere ir a la escuela un día nublado se despierta y dice que tiene frío y que no quiere ir. Tú lo consientes y le das permiso de faltar sólo porque tú también tienes frío. ¿No te parece que estás rompiendo el ritmo de su rutina y que puedes estar fomentando un hábito de irresponsabilidad?

Brenda solía tener un compañero en la preparatoria que estaba por cumplir 20 años, tomando en cuenta que los chicos salen entre los 17 y 18 años, llamaba la atención. Carlos era un chico inteligente pero con una disciplina relajada, a veces inexistente. Brenda contaba que el pretexto de Carlos por no llegar al examen era que se había ido de fiesta, estaba desvelado y su mamá le había permitido faltar siempre que recogiera la ropa de la tintorería. Obviamente sus calificaciones eran malas y aunque su mamá lo sabía no le importaba, que se desvelara y tuviera examen el lunes, pero sí, que pasara a la tintorería.

Aunque podría ser un caso extremo, la falta de disciplina puede relajar las cosas a un grado tal, que los deberes pueden pasar de largo. Y aunque estamos hablando de una historia que sucedió en una preparatoria, la realidad es que comenzó mucho tiempo antes.

Empezó con un gesto de permisividad cuando se convirtió en un joven, los padres se convirtieron en sus amigos, perdieron la disciplina y autoridad. Factores que ayudan a encontrar dirección, crean un sentido de responsabilidad, forman hábitos y les muestra a los hijos lo que es mejor para ellos.

Cuando somos falsamente condescendientes, estamos perdiendo nuestra figura y autoridad, que permiten conductas que a la larga creará problemas en la vida de tus hijos.

Obsérvate cuando, seas sensible y poco exigente, no promuevas la responsabilidad en tus hijos en sus tareas escolares o deberes en casa. Si cumples todos sus caprichos, no estableces límites, no hay reglas y rutinas claras.

Nunca es tarde para enderezar la barca cuando se tiene voluntad, más vale corregir el camino que sufrir por las consecuencias de nuestros propios errores. El ser madres es una hermosa tarea pero que merece la pena el trabajo de formar seres humanos libres, responsables y plenos.


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