No todos los cuentos tienen finales felices, ¿por qué es bueno de vez en cuando leerles alguno?

hace 4 años | por Editorial Corazón de Mamás
Categoría: Educación
Tags: Cuentos, imaginación, Valores, Realidad, Oportunidad, Aprendizaje, Moraleja

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Las versiones originales de cuentos clásicos son una buena oportunidad para aprender sobre lecciones de vida, aunque su final no sea feliz. La Sirenita escrita por Hans Cristian Andersen, es muy distinta a la versión Disney. El desenlace cuenta que en realidad se convirtió en espuma del mar, revelarles esta realidad pareciera ser un tanto cruel… ¿Cómo pudo suceder si estaba tan bonita y si eran tan buena?

En Pedro y el lobo se cuenta la historia de un niño que siempre engañaba a sus vecinos. Ganaba su atención fingiendo ser atacado por el lobo, hasta que un día la mentira se cumplió y nadie acudió en su ayuda.

La verdad es que es bueno contar de vez en cuando la versión original, sin querer nos hemos empeñado en crear un mundo de fantasía donde apartamos lo más posible el fracaso, la desilusión, el horror o lección que tienen los cuentos. Estos dos ejemplos antes mencionados  lejos de ser historias tristes encierran una enseñanza.

En el caso de la sirenita podría aplicarse la moraleja; “No siempre se puede ganar, aunque el deseo del corazón sea fuerte”. Hay veces que hay que medir y calcular las posibles consecuencias y ser responsables de lo que deseamos. Podemos rescatar que en el caso de Ariel, el amor fue el impulso que la orilló a desarrollar acciones que comprometieron su vida. Cuantas mujeres sirenitas han muerto de manera metafórica, por buscar un amor que al final no ha sido correspondido.

En el caso de Pedro y el lobo, pareciera que es una advertencia a no  buscar situaciones que no queremos para nosotros mismos, a no jugar con la buena disposición de las personas que terminan por abandonarnos al sentir un abuso de confianza.  

Entonces, más allá de ser un relato que pareciera traumático de escuchar para nuestros hijos, veamos lo positivo que nos aporta,  a manera de moraleja  y más allá de lo fantasioso. Y aunque sean cuentos de hadas, en ocasiones es, una representación crítica de la realidad. Con toda su falta o exceso de virtud, disciplina, valor, razonamiento, por nombrar algunas cosas.

En estos cuentos no se trata de mostrar a nuestros hijos un mundo pesimista o gris, se trata de acompañar su propia infancia, donde también viven sus pequeñas decepciones, donde hay pequeños conflictos, que muchas veces los impacta y que también minimizamos, se trata de estimular su inteligencia, porque no será posible que vivan en un mundo maravilloso, lleno de colores y alegría al mil por ciento.

Podemos pensar que puede haber circunstancias de todo tipo en la vida de nuestros hijos, y que todas ellas por muy tristes o felices, traerán una enseñanza y todas las veces tendrán una oportunidad irrepetible de aprender y hacerse más fuertes, para conocer sus límites y sus potenciales.

En realidad no conozco alguna princesa que haya vivido feliz para siempre, o al menos viva feliz sin haberse tratado de vez en cuando a trompadas con la vida.

Un cuento con final triste, no tiene porqué ponernos tristes si encontramos algo de lo que podamos aprender. ¿No lo crees?


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