Pesadillas y terrores nocturnos en los niños

hace 4 años | por Editorial Corazón de Mamás
Categoría: Salud mental
Tags: Sueño, pesadillas, terrores nocturnos

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Es natural que a los padres nos preocupe que nuestros niños se despierten sobresaltados o asustados a mitad de la noche por causa de alguna alteración relacionada con los sueños. Conocidas generalmente como pesadillas, estos sueños feos nos han afectado a todos. Sin embargo, muchos no saben que existen, por un lado, las pesadillas y, por el otro, los terrores nocturnos, que aunque se parecen son distintos y debe actuarse de manera particular en cada caso.

Ambos padecimientos provienen de nuestra actividad cerebral, ya que mientras dormimos, nuestra cabeza sigue trabajando y asimilando lo vivido y aprendido durante el día. Buena parte de las causas de los padecimientos de sueño en niños, están relacionadas con sus hábitos y rutinas para dormir, así como a la ansiedad que les produce separarse de los padres: la hora de dormir marca dicha separación.

Las pesadillas

Son simplemente sueños feos. Están ligadas, según la psicóloga pediátrica Rosa Jové, a la capacidad de lenguaje e imaginación de un niño. Es por esto que se dice que no se dan antes de los dos años, que es cuando los niños empiezan a relacionar cosas del ambiente con sensaciones buenas o malas. Además de poder verbalizar lo que sienten: “me da miedo el monstruo que está en el armario”. En la etapa entre los dos y los cuatro años, los niños aún no distinguen la realidad de la ficción, lo cual también puede incidir en este hecho. Las pesadillas suelen darse en la fase de sueño REM (sueño profundo), que es cuando aparecen los sueños y que se da en horas avanzadas de la madrugada. Generalmente están asociados a hechos concretos: algo que vio en el día, algún cambio significativo en su rutina, ausencia de algún padre, etc.

Algunas de las claves para saber si tu hijo sufre de pesadillas son:

  • Tu hijo se despierta llorando y asustado a altas horas de la madrugada (generalmente pasadas las primeras cuatro horas de sueño) y no se calma hasta que no es atendido.
  • Puede expresar qué lo asustó y lo recuerda al día siguiente.

¿Cómo actuar?

  • Prevenir: Observar los contenidos que consumen nuestros hijos en la televisión o algún otro aspecto que pueda generarles angustia. Se debe platicar con ellos y tratar de contextura ligar con la realidad aquello que les perturba.
  • Atender: No es un capricho de los niños, es importante atender el llanto y el susto. La presencia de los padres los ayudará a pasar el mal rato. Hay que tranquilizarlos con caricias y palabras de aliento.
  • Calma. Aunque es un momento muy angustiante, es importante mantener la calma para poder contener la situación.
  • No infravalorar la situación. En vez de decir: “no te asustes con tonterías”, mejor decir: “ya pasó, todo está bien, papá y mamá están aquí contigo”.
  • Esperar a que vuelva a conciliar el sueño.

Terrores nocturnos

Por otro lado están los terrores nocturnos, que son padecidos por el 3% de los niños entre 4 y 12 años. Estos suelen darse entre la primera y la cuarta hora de sueño, es decir en la fase No REM. Generalmente se desencadenan por causas desconocidas: fiebre, falta de sueño o medicamentos que alteran el sistema nervioso central. Estos se dan a partir del primer año.

¿Cómo se reconocen?

  • Son episodios de miedo, que no están relacionados a algo específico o a un sueño.
  • Los niños suelen parecer despiertos pero siguen dormidos, generalmente se sientan en la cama, con los ojos mirando hacia el vacío. Gritan y patalean.
  • Los niños no suelen recordar estos episodios y suelen quedar profundamente dormidos un rato después.

¿Cómo actuar?

  • Controlar que el niño esté bien y que no se haga daño.
  • No hay que despertarlos o interrogarlos. Ellos no recordarán nada de lo que pasó y recordárselos sí puede causarles angustia.

En ambos casos, son padecimientos normales. Sin embargo debe acudirse a un pediatra cuando se presenten convulsiones, cuando los episodios sean demasiado largos (30 minutos o más), cuando sean demasiado constantes o cuando los episodios de angustia se hagan muy recurrentes y se den en diversos aspectos de la vida diaria, no solo en el sueño.

Se recomienda establecer rutinas de sueño específicas: baño, leer un libro y una habitación con luz nocturna y ambiente pacifico. Jové afirma que muchas veces estos trastornos se dan en días que los niños están muy excitados y recomienda tener días tranquilos, para garantizar noches tranquilas.


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